martes, 19 de noviembre de 2013

CUANDO NO HAY CONTROL, EL ACCESO NO ES UNA OPCIÓN

David Valero Garcia
"Cuando llegaba a casa, lo primero que hacía era conectarme a las cuentas bancarias. Iba tremendamente colocado, con sólo una idea en la cabeza, intentar tapar todo lo que había desfalcado"

¡Buenos días!

Os dejo el post de esta semana. Con el deseo de aportar algo 

¡Un abrazo

tratamiento-adiccionQue mejor forma de empezar un post que con una buena noticia. En unpost anterior os comentaba que tuve la “suerte” de ser agraciado con un inquilino que le cogió gusto a la casa, pero no tanto al pagar los recibos. Bueno, pues por fin decidió abandonar la vivienda, dejando algunas deudas, pero lo importante es que ya disponíamos de la vivienda para poder volver a alquilarla. Lo mejor de todo, ya está alquilada :)
Todo esto ha provocado que tenga que realizar cambios y movimientos en cuentas bancarias, lo que me ha llevado a recordar algo muy concreto de mis inicios en eltratamiento de adicciones.
CUANDO NO HAY CONTROL, EL ACCESO NO ES UNA OPCIÓN
Al iniciar el tratamiento de adicciones, hubo una serie de normas que debía cumplir, y en concreto me he acordado de aquella que hacía referencia a no poder disponer de tarjetas de crédito, efectivo, y carecer de acceso a las cuentas bancarias a través de internet.
Es curioso, esta era una de varias normas que debía cumplir, algunas de ellas me atreví a cuestionarlas, pero esta no, sabía que el acceso al dinero significaría un grave problema para mí. A mis espaldas había todo un listado interminable de noches, tardes y mañanas donde no existió ningún tipo de control con el dinero. No importaba cuanto tuviese, y a que se iba a destinar, cuando el peor David se hacía presente, no existían límites.
Cuando se agotaba el dinero en metálico que llevaba encima, cogía protagonismo la tarjeta. Recuerdo una ocasión en un afterhours de Madrid, que no te dejaban salir a no ser que justificaras el motivo, por ejemplo, un justificante del cajero. Joder, fueron interminables las veces que salimos para consumir, y en cada una de ellas, yendo al cajero a sacar dinero. No importaba, nada importaba, se trataba únicamente de consumir, al precio que fuese. En aquella época compraba el tabaco con visa a crédito en la gasolinera porque era imposible llegar a mediados de mes, pero eso tampoco importaba.
Tal era el sentimiento de soledad, que todo lo quería comprar. Era el que siempre invitaba a rayas, el que se encargaba que a nadie le faltara una copa, si necesitabas dinero para un taxi, ahí estaba yo. Pero llegó un momento en el que ya no quería compañía, ya no me sentía a gusto con nadie. Entonces la soledad era inmensa, y el dinero cada vez más necesario. Aplacar todo eso no es barato, no había cocaína, alcohol o marihuana en el mundo que hiciera desaparecer ese sentimiento. A él se sumaba un gran rechazo y repugnancia, por lo que seguir consumiendo era la única opción.
Cuando llegaba a casa, lo primero que hacía era conectarme a las cuentas bancarias. Iba tremendamente colocado, con sólo una idea en la cabeza, intentar tapar todo lo que había desfalcado. Encendía el ordenador, colocaba la tarjeta, gramo y turulo cerca, y raya tras raya, comenzaba a mover dinero de una cuenta a otra. En ocasiones, con un par de segundos de diferencia, olvidaba totalmente lo que había hecho, que dinero había cambiado de cuenta, teniendo que volver a empezar de nuevo.
Mientras lo hacía, había momentos en los que pensaba que era un genio, otras veces, la mayoría, me odiaba por ello, me repetía una y otra vez que sería la última, que no podía seguir así. En estos instantes era cuando me decía que todo se debía a unpequeño bajón, y me preparaba una raya lo más grande posible, si no varias, para volver a sentirme el Rockefeller de las finanzas.
QUÉ SIGNIFICÓ ESTA NORMA
Cuando alguien de treinta y cuatro años decide iniciar un tratamiento de adicciones y acepta no manejar más dinero que el que se le asigne como si fuera un niño con una paga semanal, los sentimientos son terribles. Un día, de pronto, la realidad te golpea en la cara, te ves en la calle metiendo tu mano en el bolsillo para comprar algo, y no puedes, recuerdas porqué. El mundo se te viene a los pies. Ahí estás tú, quieto en medio de la acera, la mirada perdida, con la mano metida en el bolsillo intentando que no caiga ninguna lágrima.
De pronto, en mi cabeza, no dejaban de venir recuerdos, ocasiones en las que derroché el dinero, los lugares, los motivos, las personas,… El corazón se me aceleraba, sobre todo al terminar todo con la imagen de mi mujer presente. Ahora era ella quien debía encargarse de todo, lo cual no era un problema, el problema era que en vez de dos hijos y un marido, un compañero, ahora tenía tres niños en casa. Ahí estaba yo, un tío de treinta y cuatro años al que tenían que darle la paga. Vergüenza, tristeza, asco, menosprecio, decepción, rechazo,…, y podría seguir diciendo sentimientos que en cosa de segundos se apoderaban de mí.

Hoy día las cosas han cambiado, la economía familiar la llevamos entre los dos, como adultos, como un buen equipo, como una pareja. Iniciar un tratamiento de adicciones es algo duro, muy duro, probablemente lo más duro a lo que me haya enfrentado hasta hoy día. La adicción es una enfermedad muy hija de puta, que no sólo puede acabar con tu vida, a todo aquel que se atreviese a quererte, le destrozará, lo quieras o no. Ahora, cada vez que me conecto al banco a través de internet, o saco dinero de un cajero, pocos son los que saben lo que significa para mí ;)

¡Un abrazo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario