Juan Guillermo Valderrama Santamaria
Alguien dijo que esto era una utopía, que era un sueño inalcanzable, que sólo era de locos luchar por causas perdidas; pero no, lo escuchamos y comenzamos a preparar la tierra, con paciencia, amor y ternura, en un terreno polvoriento que sólo ofrecía desolación y amargura.
También un filósofo trató de desanimarnos cuando nos dijo que las cenizas era lo único que quedaba cuando el fuego todo lo había consumido. Sin embargo abonamos bien la tierra y no escuchamos lo lógico de su filosofía.
Un pesimista nos dijo que no era posible que el árbol que ya estaba seco volviera a echar hondas raíces. Que no sembráramos en tierra árida porque solo recogeríamos las espinas. Pero no le hicimos caso y con fe lanzamos nuestras semillas.
De pronto un sabio nos preguntó: ¿Cómo pretenden que del lodo y del fango broten aromas agradables como por encanto? Y nosotros respondimos: de la misma manera que resucitó el que a un madero fue crucificado.
No hicimos caso a nada de cuanto nos dijeron y seguimos regando, aunque con dificultad y sacrificio, nuestras ilusiones por el viento. ¿Cuáles serían los asombros del filósofo, el pesimista y el sabio cuando germinaron nuestras semillas en las áridas planicies del desierto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario