viernes, 22 de noviembre de 2013

Semillas del desierto

Juan Guillermo Valderrama Santamaria


Alguien dijo que esto era una utopía, que era un sueño inalcanzable, que sólo era de locos luchar por causas perdidas; pero no, lo escuchamos y comenzamos a preparar la tierra, con paciencia, amor y ternura, en un terreno polvoriento que sólo ofrecía desolación y amargura.

También un filósofo trató de desanimarnos cuando nos dijo que las cenizas era lo único que quedaba cuando el fuego todo lo había consumido. Sin embargo abonamos bien la tierra y no escuchamos lo lógico de su filosofía.


Un pesimista nos dijo que no era posible que el árbol que ya estaba seco volviera a echar hondas raíces. Que no sembráramos en tierra árida porque solo recogeríamos las espinas. Pero no le hicimos caso y con fe lanzamos nuestras semillas.

De pronto un sabio nos preguntó: ¿Cómo pretenden que del lodo y del fango broten aromas agradables como por encanto? Y nosotros respondimos: de la misma manera que resucitó el que a un madero fue crucificado.

No hicimos caso a nada de cuanto nos dijeron y seguimos regando, aunque con dificultad y sacrificio, nuestras ilusiones por el viento. ¿Cuáles serían los asombros del filósofo, el pesimista y el sabio cuando germinaron nuestras semillas en las áridas planicies del desierto

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